jueves, 1 de enero de 2009

Primero de año, escuchando tango.
Los chicos en casa, todos, hace como cinco fiestas que no nos juntamos todos.
Día nublado, mundo revuelto, 2009 que rogamos para que no sea tan terrible como lo pintan.
En fin.
Digamos que no soy hoy por hoy un dechado de optimismo.
Mi casa es una fiesta, mi gente una maravilla, mis hijos van por la vida paso a paso, creciendo y descubriendo y haciéndose grande, y me hace feliz.
Afuera llueve, y tal vez por eso , de Eladia Blázquez, Primer Mundo:


En el medio de este "mambo" y el delirio mas profundo...
el cartel de primer mundo, nos vinieron a colgar.
Tan grotesco es el absurdo, tan inmundo está el chiquero
que mirando el noticiero, ¡me reí por no llorar!
Todo el mundo está en el oro, dado vuelta de la nuca
¡Nos vendieron hasta el loro, la altivez, la dignidad!
No terminan de asombrarnos, y es tan grande el desatino...
Que a la leche y hasta el vino, hoy por hoy...
¡Les tenés que desconfiar!

Y me duele que sea cierto... Con dolor del más profundo.
Porque si esto es primer mundo, ¿etse mundo dónde está?
Si parece la utopía de un "mamao" voy a hacértela bien corta...
¡se afanaron con la torta, el honor y la verdad!

Nos están pudriendo el aire, nos cambiaron el idioma,
hoy la "caca" de paloma es más limpia que el honor.
¡La justicia ya sin venda a un corrupto le hace un guiño,
y acomoda el desaliño, del poder y del favor!
En un loco "todo vale", un caniche acicalado
"morfa" más que un jubilado que no llega a fin de mes.
Y en la cruda indiferencia, entre el cólera y el "curro"...
Hay un juez que se hace el "burro" y también...
¡Hay un burro que hacen juez!

jueves, 31 de enero de 2008

LOS CHICOS

Los chicos, ya no tanto (24, 23, 21 y 19) van llegando. Nos juntaremos en casa el fin de semana, ya van siendo raros estos encuentros. Cosas de la globalización. Comeremos asado en Santa María, tomaremos café con leche en MDQ, festejaremos mi cumple antes que nos vayamos a Madrid, antes de que me vaya a Argentina.
Lo pasaremos bien, me encanta tenerlos a todos en casa.
E la nave va.

viernes, 11 de enero de 2008

CABO TRAFALGAR. ARTURO PEREZ REVERTE

CABO TRAFALGAR - Arturo Perez Reverte

La última batalla naval de vela de la historia. Luego vendrían ya los barcos a vapor. Tremenda escabechina, 8000 hombres muertos, no se cuántos heridos, entre la batalla y el temporal que asoló después la costa de Cádiz.
Todo relatado con la pluma particular y erudita (y tanto, casi demasiado) de P.Reverte, que de cosas de mar sabe un huevo.
Narrado desde un omnisciente cercanísimo, casi con olor a pólvora, poniendo el foto narrativo en el Antilla, inventado de cabo a rabo (con razón no aparecía en el dibujo del National Geographic).
El héroe termina siendo un perdulario sinverguenza, Marrajo, quien jura clavarle una navaja al que lo enroló a la fuerza, y termina peleando codo a codo con él contra los ingleses, ordenados y eficientes como ellos solos.
De paso, la tesis eterna de P.Reverte de que a los españoles les sobraba bravura y cojones y les faltaban dirigentes como Dios manda, y que por eso se cargaron el imperio donde nunca se ponía el sol, manda huevos. Visto lo visto, posiblemente tenga mucha razón. Aparte los Imperios vienen últimamente con fecha cierta de caducidad, yo no se lo que pasa, y pregúntenle al que quieran, desde Aníbal al alemán aquel del bigotito, que se pensaba que iba a durar mil años, el cabrón.
En fin, un maestro el Reverte para pintar un cuadro de más de 70 navíos, los más grandes de la época, dando y recibiendo cebollazos durante todo el día, que uno le quede una idea cabal de por dónde fueron los tiros, que fueron muchos, que aprenda bastante sobre los barcos y armamentos de la época, y que encima se entretenga como en el circo.
Arturo, una vez más, a votre santé y que sean muchos más.

martes, 25 de diciembre de 2007

NAVIDAD


Hemos celebrado los cinco (Manu se ha quedado en Canarias, no ha podido venir). Comida navideña a base de pio nono y matambre casero (Laura, ídola) buen humor y un ruidillo de fondo inevibable por otras fiestas, cuando éramos muchos, cuando éramos tantos, cuando era tan bueno y no nos dábamos cuenta.
Como tantas cosas, uno se despierta cuando ya no están.
Hace varios años que no estamos todos juntos por Navidad. El año pasado Laura, Mili y yo estábamos en Argentina, el otro, estaban allí todos los chicos, el anterior otra vez nosotros, y así. El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos y estamos cada vez más desparramados, la verdad sea dicha. Esto de la globalización es un ventarrón que pega cuatro soplidos y termina cada uno en un punto cardinal distinto.
No tiene vuelta. No tiene arreglo.
Hicimos algo. Quisimos que en el árbol hubiera regalos de verdad, regalos sorpresa, y cuando llegaron los chicos se encontraron una cantidad de paquetes que no se abrieron hasta ayer a la noche. Fue muy bueno, volver a los diez y siete.
Un abrazo grande para todos, Feliz Navidad y el mejor 2008 que sepamos conseguir.

BROOKLYN FOLLIES - PAUL AUSTER

Me ha gustado mucho

Natham Glass, sesentón divorciado, pésimas relaciones con su ex, escaramuzas diversas con su hija única, vuelve a Brooklyn después de cantidad de años. A morir, según dice pero no se lo cree mucho, con un cáncer de pulmón a cuestas que parece que va remitiendo.

Lenta y casi imperceptiblemente, a partir del reencuentro con su sobrino Tom, a quien auguraba un porvenir brillante y ha terminado de taxista en Nueva Cork, rearma una especie de vida familiar recuperando sobrina (hermana de Tom, Aurora – Rory -, prisionera de un fanático religioso) su hija Lucy ( hija de Aurora ), su propia hija, y reconstruye un mundillo de afectos y de cálidas resonancias.

Personajes inolvidables (Harry, homosexual dueño de una librería de viejos, estafador consuetudinario), frecuentes guiños literarios, y un cinismo escéptico inicial que se transforma poco a poco en una mirada tierna y entrañable.

¿Cómo hace Auster para que sus personajes tengan carne y hueso?
¿Cómo coño hace?

viernes, 7 de diciembre de 2007

manos

tus manos que curan
que acarician
dibujan en el aire filigranas orientales
milenarias
tus manos
que arrancan maravillas de sartenes y ollas
que recorren mi piel en arabescos
sabias
tiernas
manos de paz, nunca violentas
tus manos que hablan
arrullan
calman
manos suaves
eternas
tu mano en la mía
tus manos
tus manos antes
ahora
siempre
en los niños que han sido
en los hombres y mujeres que son
enjugando lágrimas
propias
ajenas
traen el universo a nuestra casa
multiplican flores
perfuman

tus manos de amorseda
algarrobo y agua

jueves, 6 de diciembre de 2007

PIANO BAR

Entra al bar con ademán tranquilo, movimientos lentos, mirando alrededor. El lugar es elegante, discreto. Una enorme vidriera se abre sobre la ciudad, las luces de mercurio cuadriculando la noche allá abajo, autos desplazándose lentos, pequeñas hormigas luminosas desde el piso veintisiete de Torres de Manantiales. El mar una sombra oscura allá al fondo, la luna llena colgada en el terciopelo negro del cielo con estrellas.
La mira. Ella está hermosa, bronceada y esbelta, el pendiente que le ha regalado hace un rato brillando sobre el vestido negro.
El maitre les indica una mesa cerca de la ventana. El local no está lleno, varias parejas distribuidas en distintas mesas, un grupo conversa en voz baja con risas apagadas, tres hombres sentados en la barra y el pianista, smoking blanco, desgrana un jazz lento y sinuoso, acariciando el piano de cola negro y brillante.
Los pasos no se escuchan sobre la alfombra y él aprueba moviendo lentamente la cabeza hacia arriba y hacia abajo.
¿Estás cómoda, querida?
Ella cierra los ojos, asiente.
Viene el mozo: Qué se van a servir los señores.
El, sin dudar: Traete un Chandon, extra brut, bien helado.
¿De comer?
El consulta, ella niega brevemente. El mozo se retira.
Vuelve y pone sobre la mesa el balde de hielo, dos copas de cristal, comienza a quitar el capuchón negro de la botella.
El se siente un triunfador. Es un triunfador. Trabaja en España, trabaja duro, de plomero, fontanero le llaman, son diez o doce horas diarias instalando cañerías, luchando con calefones, rompiendo paredes.
Pero aquí, en Argentina, es un príncipe, trae euros y los gasta sin misericordia, casi con rabia, con un regusto a revancha. (Mirá, acá está el gil que se fue sin un mango, acá está el otario. Mirá. Qué querés tomar, yo invito, a vos y a toda la barra. Faltaría más, mi viejo).
El pianista lo mira sin dejar de tocar, él lo saluda con un ademán breve de la mano. Mira alrededor, relajado. Se acomoda en la silla. Y cuando intenta cruzar una pierna encima de la otra le pega a la mesa de cristal una patada formidable.
El bar, suspendido en el aire. Ningún sonido que reemplaze al estrépito de vidrios rotos, el suelo es un reguero de hielos y cristales destrozados, todas las cabezas se han girado al unísono y lo miran desde el fondo de un silencio atronador.
El mozo inmóvil, la boca abierta, y el pianista gira en la butaca y se tapa la cara con las manos, ahogando la carcajada que le sacude los hombros.